lunes, 12 de octubre de 2009

Alivio puro.

En este día 12 de octubre he aprendido unas cuantas cosas:
1.- Nunca especules sobre algo de lo que no tienes certeza.
2.- Nunca des nada por hecho.
3.- No creas que la gente es predecible.
4.- El karma existe.

Amor que nace y no hace ruido.

Dicen por ahí que lo que no sale bien de raíz, no puede llegar a ser nada. Y a mí ultimamente en lo que a relaciones se refiere nada me sale bien. Cuanto más ilusionada estoy mayor es el impacto contra el suelo. Todos se comportan de la misma manera: al principio muestran interés, lo pongo fácil, muestro que es correspondido y rápidamente todo está hecho. Así, al día siguiente han conseguido lo que querían y pueden desentenderse.
Contigo no fue así, me gustas y me gustabas de verdad y no quise que lo supieras, jamás te lo dije. Dejé lo que pudiera tener con cualquiera para dártelo a ti, pero tú ni siquiera lo sabes. Todos me decían, déjalo pasar, pues lo que tenga que pasar pasará. También había gente de la opinión contraria: no te quedes sentada viendo como pasa la oportunidad. Yo, por mi forma de ser impulsiva y porque prefiero arrepentirme de lo que hice a arrepentirme de lo que dejé pasar, me decanté más por la segunda. Me lancé y lo conseguí. Pasé una noche increíble contigo y le di importancia, y tanto que se la di. Ése fue mi error. He pasado un día entero viendo tus fotos, repasando cada una de tus palabras y tus gestos. Tu forma de mirarme... Y hoy por la tarde todo quedó en nada cuando comprendí que anoche donde mismo dormía yo, estaba otra.
Sinceramente, mi cabeza ha reseteado tantas y tantas veces que empiezo a cansarme de ilusionarme, y eso que era una de las cosas que más feliz me hacía. Esta vez tú me ilusionaste con todo aquello...

Esto no es más que amor que nace y no hace ruido, versos crudos que anuncian el final de lo que para ti nunca empezó, excusas con pretérito, evidencias evidentes y mi cabeza que de nuevo se rompe en pedazos.

sábado, 10 de octubre de 2009

Veneno.


Cuando hablas de ella tus ojos se abren de par en par; tu voz se hace más débil pero tratas de hablar más alto, como si ella pudiera escucharte así. No consigues afirmar, todo lo que haces es lanzar preguntas al aire, como si tu cabeza repitiera "que hubiera pasado si..." Dices que es el veneno de tu vida, pero para ti ya es imposible, es el despojo de los días que se fueron, la rabia de los días que no llegan.
Estoy destinada a elegir lo que no está a mi alcance, a recordar a tantas otras chicas y a ser la amiga con la que se puede tener sexo, a dosificar la ración de amor que doy y guardarme la ilusión para no derrocharla.


Me pregunto por qué a las personas buenas se les hace tanto daño.
Ojalá yo fuera la cura de tu veneno.

martes, 6 de octubre de 2009

Es tan sólo un momento de debilidad.

Lo que más me molesta no es el hecho de que no me llamen, de que no estén atentos de mi, yo no estoy hecha para eso. Me agobio cuando recibo cinco llamadas en una tarde y tres de ellas son para saber dónde y con quién estoy. Ese no es el asunto, el caso es que quizá esté un poco falta de cariño. Cariño del de verdad. Nunca he sido una persona interesada y mucho menos doy para recibir algo a cambio, pero cuando pasas una tarde increible con el chico que te encanta y luego no hay una señal de "interés", entristece. El núcleo de la cuestión ahora mismo es que dudo que me eches de menos. Dudo mucho que vayas corriendo hasta la otra punta de la ciudad, calculando cada segundo del reloj para conseguir verme "por casualidad" cuando salgo del instituto. Dudo mucho que te quedes hasta las tantas esperando a que me conecte para hablar tres frases e irte a dormir en paz. Dudo mucho que HOY tengas la necesidad de verme.
Miento, el núcleo del problema está en que siempre me preguntan a qué se debe mi falta de confianza, de autoestima o de amor propio... A esto se debe: soy una blandengue y necesito poder apoyarme en alguien que desgraciadamente me gusta mucho. Sí, lo he dicho: mucho.
Así que para ser honesta no me vale con que me beses, que me abraces y me prometas el mundo si luego los días pasan y mientras no te veo vuelves a ser... nada.
Respondo a aquél que se ha preguntado a qué se debe mi falta de aquello que nombré anteriormente. Es absurdo porque sí, me tengo a mí misma, y el amor propio es propio y no debe estar condicionado por los demás (y más psicología barata)... Pero no hablo de los demás: hablo de ti y de unos cuantos como tú.
Todo esto me lleva a pensar que entro por los ojos, pero no llego al corazón. Que soy muy cariñosa y eso da pie a que lo seas conmigo, pero tú no corres a contrarreloj por mí, no tiemblas cuando me ves, ni me pones ojitos, no necesitas verme y tampoco me echas de menos.
Por eso me pregunto qué tengo, no quiero tener "donde elegir", quiero que tú me elijas a mí, y alomejor estoy pidiendo demasiado...
Es tan sólo un momento de debilidad.