Hoy es 19 de Noviembre, o puede que sea 18, no lo sé bien y no me apetece mirar la fecha. Hace frío, mucho frío. La Laguna está peleona, empieza el invierno cerrado y los cafés calentitos comienzan a ser necesarios. La calle huele a castañas. Es una época en la que hay más parejas caminando de la mano; tal vez para mantener el calorcito o tal vez porque el invierno a mí me pone un poco nostálgica y me fijo más en ese tipo de cosas. Huele a humedad y es imposible controlar mi pelo, odio esta época del año sobre todo por eso. Odio llegar a casa y mirarme al espejo para comprobar que desde que me levanté hasta por la noche me transformo en una puñetera cotufa, pero esas son cuestiones secundarias. Me encanta la luz anaranjada de la calle y el olor a lluvia, aunque que haya lluvia conlleve que haya charcos y que haya charcos, que me resbale más de lo normal. En fin, el tiempo y las castañas me dan igual y me da igual la luz anaranjada porque en estos momentos el núcleo de mi problema eres tú, Adrián. Con esto no quiero decir que el problema seas tú, sino la forma en la que te has metido poco a poco en mi cabeza. Me daba rabia que desde el febrero de 2006 me fuera tan dificil dejarme llevar y contigo sí que puedo. Me encanta cuando agrandas tus ojos cuando me das besitos en la nariz. Que me repitas las mañanas (que por suerte) me puedo quedar en tu casa que ronco. Me encanta cuando pegas tu cara a la mía y me cantas una de esas canciones que te sabes de memoria. Me encanta que me llames preciosa, aunque me ponga roja y te des cuenta y me ponga más roja aun. Me muero cuando me pides que no me vaya o que me quede a dormir. Me gusta tu culo, aunque casi no exista. Me encantan tus cuatro pezones. Tu sonrisa increiblemente blanca pese a todo lo que fumas. Tu olor a tabaco y a ti. Me encantan tus cejas triangulares y los hoyitos que te salen cuando mueves mínimamente la cara. Odio cuando se te escapa llamarme leona.
El caso es que me gustan demasiadas cosas de ti, tú me gustas demasiado y yo no quiero ser algo para pasar el tiempo y para follar. No puedo decirte "te quiero" porque alomejor sería mucho para ti y aunque se me pasa por la cabeza me freno y me lo guardo. Me guardo muchas cosas que por desgracia no te puedo dar porque alomejor eso sería excesivo para ti. Muchas veces cuando tienes los días de bajona y escuchas "suavemente me mata" sé perfectamente en quién estás pensando. Así que lo que pienso muchas veces es qué se supone que tengo que hacer, Adrián.
Disfruto de ti cuando puedo, me acuerdo de ti y te espero siempre, siempre estoy en estado de espera porque tú te lo mereces. Tú me rompes la monotonía y me alivias el día a día cuando todo me va mal. Pero lloro sin llorar cuando me doy cuenta de que no soy tu veneno, y alomejor nunca oiré te quieros de tu boca, ni seré tu niña, ni te mataré suavemente y alomejor siempre estaré en estado de espera, o me cansaré, pero no quiero acostumbrarme a querer sin que me quieran.
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