sábado, 7 de noviembre de 2009

Fallo comunicativo.

No me apetece oír gritos, no quiero portazos ni estar encerrada en mi cuarto, ni tener que imaginar todo lo que se me viene encima. No me gusta contar las horas que me quedan para salir de dudas, que mi familia esté enfadada. Detesto forzarme a escuchar canciones deprimentes para desahogarme. Que me interrumpan al hablar, que me coharten sin motivo. No me gusta que me obliguen a permanecer donde no tengo nada más que aportar. Volver a casa y oír cómo todo lo hago mal. Que no me salgan las palabras y que me cueste respirar. Odio cuando el cerebro va demasiado rápido y la lengua no consigue seguirle el ritmo. Hace unos meses que las cosas han cambiado y por desgracia o por suerte yo ya no soy más tu niña, pero seré por siempre la hija que más te quiere en el mundo y eso no lo cambia nada.
Ya no soy la que era y yo también lo noto. Esto se llama crecer y sabíamos que pasaría.

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