miércoles, 30 de septiembre de 2009

Es el momento.

No recuerdo cuándo la escribí, no recuerdo el motivo ni el instante preciso en el que decidí hacerlo, pero recuerdo que una vez escrita la releí y pensé para mí misma: voy a romperla. Siempre compartí este tipo de cosas con mi madre, y fue ella la que se negó a tirarla. Me pidió que se la regalara, o mas bien, que se la prestara hasta que llegara el momento adecuado para devolvérmela. Y hoy, a las dos menos cuarto, me la ha devuelto cuando yo ni siquiera me acordaba de ella. Sus palabras fueron: "es el momento de que vuelvas a leerla". Y no se equivocaba, es el momento. Estoy feliz y me hace aun más feliz la idea de que sea cierto eso que dicen: "después de la tormenta siempre viene la calma". Mi calma ha llegado y POR FIN, puedo dar por cerrada una etapa de mi vida. Asi que conluiré este "hasta siempre" con la carta que un día escribí, la que nunca leyó y la que nunca llegará a leer. Dice así:


Ha sido difícil tomar esta decisión, tanto, que aun en este momento las lágrimas resbalan por mis mejillas. Me pregunto cuánto tiempo pasará hasta que deje de releer una y otra vez esta carta que se resiste a ser escrita. Quizá nunca llegue a tus manos. No albergo esperanza alguna en que quizá la tinta que baña estas palabras torne un color más claro y e
l optimismo empape esta carta. Sonrío al recordarme meses atrás, es posibble que incluso haya pasado un año de aquello: llamémoslo "inocencia". Era feliz pensando que todo lo que provocaba dicha sensación podría ser eterno. ¿Quién sabe si lo hubiera sido? Pero para ese entonces nada de esto había ocurrido. No considero necesario plasmarlo en este papel, hay sucesos que merecen ser encerrados en la memoria para así madurarlos y conseguirlos trasladar a un lugar donde no puedan causar más daño. Te perdoné muchas veces, las justas para poder volver a ti una y otra vez. Pero mentiría si dijera que mi cabeza olvidó todo aquello. Por eso, aunque cada día me acordaré de los segundos antes de comenzar a escribirte esta carta y los echaré de menos, es preciso que te la escriba como mi último regalo. Nunca pensé que llegaría el momento en el que decidiría renunciar a uno de los focos más importantes de mi felicidad. Tu partida no dejará más que un vacío, pero como un monte que se quema, las semillas del esfuerzo harán que algún día se vuelva a repoblar y que las llamas abrasadoras queden reducidas a un recuerdo convertido en parte de la experiencia. No encuentro valor para hacer de estas palabras acciones, confieso que en lo más profundo no quiero. Me aferro a ti y a los momentos que me regalas, o que me regalabas. Pero mi cabeza se encuentra en lucha constante cuando pienso que juntos tropezamos el uno con el otro. Es posible que seamos incompatibles en muchos aspectos y que el destino se halla propuesto encajar dos piezas de un puzzle que no encajan por mucho que sean empujadas. Y yo no quiero empujar más.



El momento llegó, soy libre.

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