Hay 489238272 millones de veces en las que me sorprendo comparando mi vida con la escena de la película "La Boda de mi mejor amigo". Esa en la que ambos se encuentran paseando en un barco o bote, lo que sea, y comienzan a sincerarse el uno con el otro. La música suena y empiezan a bailar, entonces como todos sabemos se produce el típico momento en el que las miradas se cruzan y es evidente lo que va a pasar. Justo entonces el barco pasa por debajo de una especie de puente (recuerdo vagamente los detalles de la escena, pero lo que importa es la idea) y la sombra hace que todo se oscurezca un poco más, que parezca un poco más tenue. Es el momento idóneo, ambos siguen observándose, pero ninguno de los dos se atreve a hacer de lo evidente un hecho. Así, el barco pasa el puente, regresa la luz del sol, desaparece esa sensación de intimidad de la que por unos segundos creyeron disfrutar. Se alejan sabiendo que lo han dejado pasar, que el momento pasó, que ese era "el momento".
Es una escena que se me ha quedado grabada en la memoria, una imagen que me viene cada vez que me planteo si hacer o dejar de hacer algo. Quizá mucha gente piense que soy impulsiva y que por lo tanto actúo por impulsos sin detenerme a pensar. Lo cierto es que sí que pienso. ¿Esto se repetirá?, ¿volverás a tener esta oportunidad mañana?
Siempre será preferible que me arrepienta de haber hecho algo a arrepentirme de no haberlo hecho, con la primera acabaré aprendiendo algo...
... Me paso el día preguntándome y buscando y cuando obtengo la respuesta y encuentro lo que buscaba no está a mi alcance, demasiado tarde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario